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Una Casa de amigos, que comparten raíces y una misma visión

Kenyi Ramírez Chávez, Jonatan Sossi, Sebastián García Malky, Daiana Valli y Juan Castro, me recibieron en su estudio, en un ambiente cómodo y distendido, casi hogareño. Tomándonos un buen tiempo, y también unos cuantos mates, conversé con quienes junto a Sabrina de Nacimento le dan vida a Casa Indeleble, para intentar comprender su visión acerca del mundo del tattoo y conocer qué los motivó a darle forma a este hermoso proyecto juntos

Una Casa de amigos, que comparten raíces y una misma visión

Kenyi Ramírez Chávez, Jonatan Sossi, Sebastián García Malky, Daiana Valli y Juan Castro, me recibieron en su estudio, en un ambiente cómodo y distendido, casi hogareño. Tomándonos un buen tiempo, y también unos cuantos mates, conversé con quienes junto a Sabrina de Nacimento le dan vida a Casa Indeleble, para intentar comprender su visión acerca del mundo del tattoo y conocer qué los motivó a darle forma a este hermoso proyecto juntos

Levantando una Casa

 

Hace aproximadamente 3 años, Jona y Kenyi habían dejado el estudio en el cual trabajaban juntos, y comenzaron a darle forma a la idea de abrir su propio espacio. Sus caminos se cruzaron con el de Sebastián, apodado Pandu, quien también se encontraba en la búsqueda de un lugar propio.

Pandu se desempeñó muchos años como animador, y se cansó de pasar tanto tiempo frente a la computadora y trabajar para grandes empresas que no valoran el arte ni le daban libertad para crear. Un amigo, que por aquél entonces realizaba tatuajes al estilo handpoke, le sugirió que probara con el tattoo y Seba se animó. Estudió, probó con frutas, luego fue dejando su marca en los cuerpos de gente cercana y, finalmente, le surgió la oportunidad de trabajar en un estudio. Ingresó allí con el objetivo de aprender del tatuador que le abrió las puertas, pero la experiencia no cumplió con sus expectativas y decidió tomar otro camino.

Fue en ese contexto en el cual el trío fundador unió fuerzas ante una necesidad y un sueño común. “Mi hermano tiene una inmobiliaria y me ofreció este espacio”, contó Pandu refiriéndose a la casa antigua donde hoy funciona el estudio, y agregó: “Yo sabía que Jona y Ken estaban buscando, así que les propuse unirnos”. Entre risas, Jona contó que confiaron en el hermano de Seba y reservaron el inmueble habiendo visto solo algunas fotos, porque “la vieja que allí vivía” no les dejaba ingresar para conocer el lugar.

Más tarde se incorporaron Dai, Sabru y Juan, conocido como Parce entre sus amigos. Los últimos dos también tuvieron un paso por el estudio en el cual Jona y Kenyi se conocieron.

“Nos conocemos todos de antemano. Ya teníamos relación y habíamos compartido laburo todos, menos con el Pandu”, contó Jona. El grupo no solamente comparte orígenes y experiencias, sino también una misma visión con respecto a la motivación para tatuar. En este sentido, Jona explicó: “Buscamos una realización más artística, y no pensamos tanto en lo económico. Hacemos esto y no buscamos llenarnos de guita, sino que el que venga a sumarse al estudio esté cómodo, tenga laburo y se quiera quedar. Creo que las nuevas generaciones piensan así. Vienen de ser empleados de patrones que no te dan pelota, entonces ahora estamos del otro lado del mostrador y proponemos otra cosa.” En línea con esa idea, Parce contó que llegó a Casa Indeleble en búsqueda de un lugar donde pudiera hacer lo que le gusta y de la manera en que le gusta, privilegiando el “amor por el tattoo y no por el dinero”.

Conversando con ellos, se percibe que también respetan al tatuaje de una manera especial. No lo ven como un mero trabajo, ni tampoco como algo que pueda tomarse a la ligera. Mientras que Jona mencionó que convertirse en tatuador es un proceso que lleva años, Parce resaltó la importancia de determinados valores más allá de los conocimientos.

Kenyi, por su parte, expresó: “Ahora es demasiado fácil tatuar. Hay gente que compra la máquina y ya empieza a tatuar, o que van a escuelas de tatuaje y creen que con eso alcanza. Para mí es necesario iniciar como aprendiz en un estudio, ver tatuadores, tomarse el tiempo necesario para entender de qué se trata. Para mí el tatuaje no es solo el resultado, sino que es un ritual, y por algo es una práctica que tiene tantos años y existe en tantas culturas. Lamentablemente ahora es todo mucho más fácil, y se valora menos”.

En la misma sintonía, Dai agregó que la característica de ritual se acentúa en los trabajos grandes, en los cuales durante el proceso de pensar el tatuaje, diseñarlo y elaborarlo, se llega a conocer mucho al cliente e incluso, en ocasiones, generando un vínculo por años.

 

 

 

 

 

 

Un grupo que se complementa

 

El equipo de Casa Indeleble funciona bien no solo por tener una misma visión acerca del tatuaje y compartir valores, sino también porque los miembros del grupo se complementan en términos de estilos. Mientras que Sabru y Jona tienden a trabajar en color y su estilo está netamente marcado por la nueva escuela, Dai realiza trabajos de blackwork y la impronta de Parce está dada por el tribalismo y el puntillismo. Kenyi trabaja con gran respeto y calidad el estilo oriental y Pandu, por su parte, se perfecciona a pasos agigantados dentro del realismo.

Concuerdan en que eso fue algo que se dio naturalmente, así como la posición que asumen y el trato que les brindan a sus clientes. Con respecto a esto último, Jona destacó: “Ante todo hay que ser sinceros con los clientes. Si lo que quiere el cliente es algo que no funciona, yo se lo digo y prefiero no hacerlo”. En ese sentido, Pandu remarcó que hay cosas que no se pueden hacer y otras en las cuales quizás se puede llegar a un punto medio, entre lo que busca el cliente y lo que el artista cree que es mejor para el tatuaje. “Es preferible no hacer un tatuaje en el que no creés, porque después te quedás mal con ese trabajo”, expresó Dai en línea con sus compañeros.

El grupo también comparte una visión con respecto a su futuro. “Estamos empezando a proyectar y planificar más, con la seguridad de que se puede hacer. Requirió tiempo asentarnos, conseguir clientes, y ahora ya estamos pensando más a futuro”, contó Jona. Entrando en detalle, Kenyi expresó que les gustaría armar una “mini convención de amigos, con colegas que estén en la misma sintonía que ellos y con los cuales crear un ambiente en donde todos se entiendan y se sientan cómodos”.

También apuestan a posicionar la ciudad de las diagonales como un lugar en donde pueden encontrarse artistas de buen nivel. “Queremos que la gente vea que somos un estudio serio y también que se abra la mirada de capital hacia La Plata. Que la gente entienda que acá hay calidad”, contó Pandu, a lo que Jona agregó: “Que el nombre llegue más lejos y que tatuadores de otros lados quieran venir a tatuar acá. Eso por suerte ya está pasando, gente de otras nacionalidades y que tienen experiencia en otros países que están viniendo a trabajar a nuestro estudio. Eso fue surgiendo solo, de a poco, y habla de que estamos haciendo las cosas bien”.

Bajo el entendimiento de que el tatuaje viene expandiéndose y evolucionando a gran velocidad, el grupo sigue trabajando y perfeccionándose. Aspiran a que, con el paso del tiempo, se valore cada vez más la calidad y el arte, y que el factor económico pase a un plano secundario. Según Jona, si bien las convenciones fueron fundamentales para visibilizar y difundir el tattoo, ahora se hacen demasiadas y son muy comerciales. Parce, compartiendo la opinión de su compañero, manifestó que se centran demasiado en el dinero y no en la comodidad de los artistas.

Creen que el profesionalismo y el compromiso serán los filtros de la permanencia dentro del campo del tatuaje como espacio de trabajo. “Hay tatuadores muy antiguos que siguen vigentes. Yo creo que, lo que sucederá, es que con el paso del tiempo los que hacen bien las cosas seguirán vigentes y, los que no, se alejarán. Eso pondrá la vara cada vez más alta e irá en línea con el desarrollo del tatuaje porque, para mí, la gente se va a tatuar cada vez más”, expresó Kenyi. “Aquí aún no llegó el desarrollo que hay en Europa y Estados Unidos, que tienen una trayectoria muchísimo más larga y en donde la gente se realiza tatuajes que acá todavía mucho no se ven”, explicó Pandu.

Con raíces compartidas, una misma mirada sobre el tattoo y un horizonte común, el grupo trabaja codo a codo para superarse día a día, tanto como individuos como también como equipo. Sin lugar a dudas que seguirán creciendo, lograrán que el nombre de Casa Indeleble vaya más allá de los límites de la ciudad de La Plata y no solo por ser un estudio de calidad, sino también por ser un espacio en donde reina el respeto, la camaradería y la buena onda.