La Galerie

Donde confluyen las tintas

Guillermo y Tamara, de Estudio G de la ciudad de La Plata, contaron sus experiencias, su recorrido y cómo se produjo el cruce de sus caminos

Donde confluyen las tintas

Guillermo y Tamara, de Estudio G de la ciudad de La Plata, contaron sus experiencias, su recorrido y cómo se produjo el cruce de sus caminos

Dos recorridos distintos que encontraron un punto en común. Él tiene formación universitaria vinculada al diseño, mientras que ella describe su vocación como un “tema hereditario”. Son de distintas generaciones, pero lo cierto es que, actualmente, ambos se desempeñan en Estudio G, ubicado en 47 y 29 de la ciudad de las diagonales.

Desde chico que a Guillermo Bárzola le gusta el dibujo y el arte. Asistió a la escuela de estética, e hizo el ciclo básico en Bellas Artes. Al finalizar el secundario, estudió Diseño en Comunicación Visual. Amigo de tatuadores, comenzó a frecuentar la galería San Martín para hacer trabajos vinculados a la parte gráfica. Fue en ese ambiente en donde lo empujaron para que comenzara a pinchar y, cansado de tanta computadora y digitalización, se animó a comprarse un kit chino y probar de qué se trataba. “Empecé a practicar más que nada en cuero de cerdo, es un poco sucio pero le enganché la veta, y lo limpiaba, viste el cuero de cerdo lo tenés un rato afuera y se endurece. Lo ponía en agua hirviendo, lo limpiaba y seguía”, explicó con respecto a sus inicios.

Tamara en cambio, contó que creció en una familia de artistas: “Mi papá, mi tía, mi abuela dibujan todos y yo me quise dedicar a lo mismo pero no haciendo cuadros y esas cosas, no me llamaba la atención”, confesó. Por eso, hace unos diez años, decidió preguntarles a unos amigos que trabajaban en galería San Martín si le enseñaban y ellos accedieron. Así fue como empezó a tatuar frutas aconsejada por amigos en un rinconcito del reducto subterráneo, tarea que luego continuó en el quincho de su casa. Tras armar un book, que a esta altura califica como “una bazofia”, se lo presentó a Mauro Mendoza, quien sería su maestro por cuatro años y quién, según ella, le enseñó todo lo que sabe.

Guille, después de varios años perfeccionándose, comenzó a tatuar a domicilio. Hasta que llevar la camilla, las luces, cubrir todo con film y tomar todos los recaudos de higiene en cada casa se hizo un laburo muy agotador. Por eso, junto a tres amigos, alquilaron una casa y la dividieron en tres: “Unos hacían cine, se quedaban en una parte, yo hacía tatuajes y otro hacía diseño gráfico. Ahí arrancó la rueda”, contó Guille. Lentamente fue conociendo gente del ambiente, captando clientes habituales y haciendo una red de contactos dentro del mundo del tattoo. Después de un tiempo, unos conocidos de la galería en donde comenzó su historia le dijeron que había un local disponible y él no dudó, juntó la plata y levantó su primer estudio.

Tamara también estaba trabajando en un local de galería San Martín, y fue allí en cuando se conocieron. El mismo lugar que los empujó a convertirse en tatuadores, fue el que los puso en contacto.

Algunos años después, Guillermo abrió el actual local en donde ambos trabajan, ubicado en 47 y 29, y decidió cerrar el de la galería por el tiempo que le demandaba administrarlo. Cuando Tamara dejó el estudio en el que estaba, Guillermo le ofreció su lugar para que trabajaran juntos. “Los dos somos muy distintos, y eso está bueno, muy diferentes pero siempre que uno tiene una duda de otra cosa nos consultamos, tenemos mucha complicidad en eso, cosa que a mí no me pasaba en los otros lugares donde estuve”, contó ella con una sonrisa esbozada en el rostro.

En cuanto a las maneras de trabajar, ambos priorizan el buen trato con el cliente y prefieren el “face to face”, para evitar los malos entendidos que puedan surgir por WhatsApp. Sin embargo, hay entre ellos importantes diferencias en los métodos.

Tami, a pesar de ser más joven, se toma el tiempo necesario para hacer todo a mano y el programa que más utiliza es el clásico Paint. Mientras que Guille, cuenta que usa más la PC y diferentes programas, más modernos.

Sobre los estilos, ambos comentan que tratan de hacer de todo y que se manejan con total sinceridad ante el cliente. “Cuando algo no lo puedo resolver o no lo sé, prefiero decirte no, de hecho lo sigo haciendo después de diez años”, contó Tamara.

Guillermo se siente más cómodo en el realismo y en el black & grey, mientras que Tami ha encontrado en el sketch su estilo preferido. Al ser consultada sobre las características de ese estilo, dio su definición: “Es como si fuera el primer paso de un dibujo, como el boceto. Obviamente un poco más arreglado para pasarlo a tatuaje, pero es una plantilla simple, no lleva mucha vuelta, aunque existen varias maneras de hacerlo. Hay muchos artistas internacionales que lo hacen y son increíbles.”

“No me arrepiento de nada”, dice Tami después de contar que tanto trabajo de precisión y fuerza con las máquinas le produjo una tendinitis en la mano que a veces la hace dudar de seguir dibujando. Según contó, tatuar también le provocó algunas molestias en la cintura y, ambas lesiones, le dificultan el trabajo y también el deporte que ama: BMX. La disciplina, que se realiza sobre una bici e implica pruebas y piruetas, es su otra gran pasión y, cuando tiene la oportunidad, le gusta competir.

Mientras que para ella las lesiones constituyen un importante obstáculo, Guille mencionó que le gustaría tener más tiempo para dibujar. Sin embargo, más allá de las dificultades, ambos constituyen un gran equipo y tiran para poder sacar todos los trabajos adelante. “La idea es no encasillarse, no estancarse, e ir siempre viendo cosas nuevas”, coincidieron.