La Galerie

Sebastián Lerchundi, prototipo de la Nueva Escuela

El tatuador nos abrió las puertas de su estudio en la ciudad de La Plata, Zanatteo. Descubrimos una persona transparente y apasionada que, dando detalles de su recorrido dentro del mundo artístico y reflexionando acerca del tattoo, se desnudó no solo como profesional sino también como persona

Sebastián Lerchundi, prototipo de la Nueva Escuela

El tatuador nos abrió las puertas de su estudio en la ciudad de La Plata, Zanatteo. Descubrimos una persona transparente y apasionada que, dando detalles de su recorrido dentro del mundo artístico y reflexionando acerca del tattoo, se desnudó no solo como profesional sino también como persona

Desde muy chico que se encuentra definido por una veta artística, que pudo explotar plenamente recién a partir del 2013, cuando se sumergió de lleno en el universo del tatuaje. “En la escuela dibujaba mucho, y en la adolescencia también, aunque en esta última etapa lo fui dejando y me enganché más con la música y la viola. A los 20 años, tuve nuevamente un acercamiento al arte gráfico porque entré un poco en lo que son los comics. Pude meter un par de cosas en comics, pero es un espacio muy difícil desde lo laboral”, contó Sebastián al ser consultado sobre sus inicios como artista.

Decidió explorar el campo del tattoo al toparse con una manga en un brazo, que fusionaba elementos griegos entre tintes realistas y de newschool. Eso fue un quiebre para Sebastián, quien quedó impactado por el tatuaje y, con gran determinación, retomó intensamente el dibujo que había dejado años atrás, teniendo como horizonte convertirse en tatuador; se propuso dibujar todos los días, cada vez que encontraba algo de tiempo libre del trabajo que tenía, en una casa de comidas.

Decidido, volcó toda su pasión en lo que lentamente se iría transformando en su vocación. Al conversar con Sebastián, se puede percibir que es una persona apasionada, que vibra con fuerza al hacer las cosas que ama.

La misma energía que transmite cuando habla de temas vinculados al tatuaje, se percibe cuando se lo ve con sus dos pequeñas hijas. Un párrafo aparte merece mencionar que, mientras estaba siendo entrevistado, su pareja ingresó al estudio con las dos niñas, de 4 años y de 1 y medio, y Sebastián demostró que la dedicación y atención que le brinda a su carrera es la misma que le ofrece a su familia que, seguramente, constituye su motor.

Habiendo retomado la práctica cotidiana del dibujo, y al sentir que necesitaba dar otro paso, comenzó a frecuentar la galería San Martín, reconocido reducto del tattoo en la ciudad de La Plata, para conversar con quienes trabajaban allí. “Empecé a preguntar, a visitar estudios, y poco a poco fui aprendiendo. Igual fue difícil, algunos no quieren dar información, hay quienes parecen tener recelo de su conocimiento y no lo comparten, ni les gusta abrir el juego. Me costó muchísimo arrancar, yo no conocía tatuadores y en internet había muy poco”, confesó.

En esa misma línea, se sinceró: “Me costó insertarme en el tattoo porque yo no venía de ahí, no sabía cómo era. Hacía dibujos y diseños que no eran del palo del tattoo. Me acuerdo que una vez un tatuador me preguntó hacía cuánto tiempo que dibujaba, pero para tatuar, y eso me hizo entender que es diferente dibujar para diseños de tatuajes; es otra estética, hay otras normas”.

Profundizando sobre sus inicios, dio detalles acerca de uno de los primeros grandes desafíos que tuvo: “Algo muy importante que me costó entender, es el tema de la percepción del tatuaje. Puede pasar que un tattoo tiene un laburo de técnica muy grande, horas encima, mucha tinta, pero cuando lo ves a 2 metros no entendés qué es. En cambio hay otros tatuajes muy simples, minimalistas, pero que de toque te llaman la atención, te impactan, y eso se vincula con la impresión que genera la imagen y la percepción de quien lo observa”.

De manera autodidacta, siendo meticuloso y disciplinado, Sebastián fue consolidándose como tatuador. Así como logró comprender la importancia de la percepción, también fue perfeccionando sus trabajos desde la dinámica y el movimiento de la imagen, y puliéndolos desde otros aspectos que le permitieron ir dándole forma a una impronta propia y descubrir sus virtudes.

Según cuenta, busca que sus trabajos generen un impacto pero que, a la vez, sean bellos, delicados y “sensuales” en relación a quien los porta. Sebastián está convencido de que cada persona debe llevar un tatuaje único, construido especialmente para quien lo aloja en su cuerpo, y que “no todos los tatuajes son para todas las personas”. Es por eso que hace hincapié en el diseño personalizado y, cada vez que recibe un nuevo cliente, lo entrevista para conocerlo y comprender qué quiere.

Con respecto a su metodología de trabajo, detalló: “Los clientes vienen a una entrevista de diseño donde vamos dibujando el tatuaje, le damos forma, y estamos todo el tiempo necesario hasta definir la dirección del tattoo. De ese encuentro ya tanto el cliente como yo tenemos que entendernos y saber hacia dónde va el tatuaje. Después se presenta el diseño y si el cliente está convencido le damos para adelante. Es necesario sentarse, charlar, conocer a la persona y en ese tiempo tratar de sacar ideas y entender qué busca. A veces vienen con ideas súper definidas y uno simplemente le da forma, pero no siempre es tan sencillo. Esa entrevista está buena porque uno diseña junto al cliente, y eso permite conocerlo y hacer algo realmente personalizado”.

Tiene una metodología consolidada y las ideas claras. Hoy se destaca realizando realismo black & grey, y se encuentra estudiando pintura para perfeccionarse en la aplicación de los colores. Se siente parte de una nueva camada de tatuadores, que ha modificado por completo el universo del tattoo: “Para mi la diferencia entre lo tradicional y el newschool está dada por el rol de los tatuadores; la ruptura está en el rol que desempeñan los tatuadores. La nueva escuela vino a recibir un montón de artistas que encontraron en el tatuaje un espacio en donde desenvolverse; artistas del diseño, de la ilustración, pintores, gente que sabe vectorizar, utilizar programas, y que subieron por completo la vara. En la vieja escuela los estilos estaban más definidos y era todo más estructurado en cambio, ahora, la nueva tendencia viene con artistas del diseño cuya figura está potenciada, que escuchan más al cliente y han aumentado las posibilidades de realizar tatuajes de autor”, explicó.  

Expectante con lo que pueda suceder en el campo de la tecnología, que según entiende “maneja todo”, Sebastián continúa creciendo como tatuador y aspira a perfeccionarse dentro del realismo a color.

Según confiesa, “el tatuaje le cambió la vida”, y deseando que muchos otros puedan experimentar lo que el está viviendo, envió un mensaje esperanzador y convocante. “A los artistas que están boyando, dando vueltas, lidiando con momentos complicados que atraviesa el país, y que tienen vocación y deseos, los invito a que se metan en el mundo del tattoo. El tattoo da la posibilidad de crecer, hay laburo, se puede hacer en cualquier lugar del mundo, es un trabajo que te conecta con la gente y que te permite aprender de la gente. Yo le abro las puertas a cualquiera que quiera aprender”, concluyó.