La Galerie

Una pequeña potencia contenida

Entrevistamos a Agustina Carey, del estudio Neofelis Nebulosa. La tatuadora de 28 años, para quien el despegue fue difícil y está comenzando a confiar en su potencial, se encuentra en franco crecimiento y su marca puede verse en cada vez más cuerpos

Una pequeña potencia contenida

Entrevistamos a Agustina Carey, del estudio Neofelis Nebulosa. La tatuadora de 28 años, para quien el despegue fue difícil y está comenzando a confiar en su potencial, se encuentra en franco crecimiento y su marca puede verse en cada vez más cuerpos

Nos sentamos a conversar y, entre algunos mates y mucho esfuerzo de mi parte, comencé a extirparle algunas palabras. Romper el hielo con Agustina fue difícil, y lograr que se abriera y comenzara a contar más acerca de ella y sus experiencias como tatuadora significó un desafío.

Oriunda de Pehuajó, y vinculada al dibujo desde chica, se mudó a la ciudad de La Plata para estudiar artes plásticas. Transitando la carrera, tomó conciencia de que no se imaginaba como profesora y, al abandonarla, circuló por diversos ámbitos e intentó impulsar proyectos que jamás llegaron a buen puerto; hasta que encontró el tatuaje. En este sentido, confesó: “Me pasó en distintos espacios y con otras carreras, también estudié FX, maquillaje de efectos especiales, en los cuales di vueltas y tuve intentos frustrados. Pero en el tatuaje, es en lo único que he podido seguir con continuidad y sobrepasar mis miedos”.

Su timidez y algunas inseguridades le impiden crecer. Al ser consultada con respecto a cuáles son las principales dificultades que enfrenta en su profesión, expresó: “Mi principal obstáculo, creo que soy yo misma. Me enrosco mucho, y pienso muchísimo cosas que son simples”.

Más allá de la ineludible cruz de la subjetividad con la que carga, Agustina tiene todas las condiciones necesarias para ganar terreno en el universo del tattoo y sentirse segura en lo que hace. Vinculada al arte desde chica, responsable, estudiosa, sensible, solo necesita animarse a más y abrir las alas por completo para tomar vuelo.

Comenzó a tatuar a familiares y amigos hace 5 años, luego de realizar algunos cursos, practicar en diversas superficies y tatuarse a sí misma. Entre que agarró la máquina por primera vez y realizó su primer trabajo, un meteorito en el codo de un amigo, tardó cerca de un año. “Me costó animarme, pero una vez que perdí el miedo empecé a hacer cada vez más tatuajes y cosas más elaboradas”, contó.

Hoy es una tatuadora consolidada. Con una tendencia hacia los trabajos tradicionales, pero esforzándose por combinar elementos de distintos estilos, Agustina trabaja con detenimiento en sus líneas y los colores que utiliza para perfeccionarse día a día.  

Cada vez que vuelve a su pueblo natal, Pehuajó, le explota la agenda y consigue muchísimo trabajo. En La Plata, su cartera de clientes crece mes a mes, aunque confiesa que debe “moverse y abrirse más”.

Su proceso de creación gira en torno a sus clientes. “Al encarar un trabajo, me esfuerzo por citar antes al cliente para conversar. Los escucho, trato de entenderlos, no me cierro en lo que yo quiero. Me gusta conocer a los clientes, ver qué les gusta, e intento acercarme lo más posible a lo que quieren”, precisó Agustina, y agregó: “Muchas veces no saben bien qué quieren. Entonces es necesario conversar para ir teniendo una noción e ir formando la idea con el cliente. Formas, figuras, colores, gustos, estéticas. También, conociendo a la persona, uno a veces se da cuenta qué le gusta y lo va llevando hacia alguna dirección”.

Con un largo camino transitado y mucha experiencia sobre sus hombros, esta artista sensible y profesional tiene mucho por crecer. Sin lugar a dudas que el proceso que ha iniciado hace ya varios años continuará dando frutos