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“Trabajar como tatuador me hizo romper todo tipo de prejuicios”

Germán Matías Pace, o Pache, como le dicen sus amigos, entiende que el oficio de tatuador ha ampliado su perspectiva, y el factor humano que entra en juego en su trabajo fue determinante al momento de elegirlo. En una entrevista con La Galerie, el artista tocó muchísimos temas y dejó varias reflexiones profundas

“Trabajar como tatuador me hizo romper todo tipo de prejuicios”

Germán Matías Pace, o Pache, como le dicen sus amigos, entiende que el oficio de tatuador ha ampliado su perspectiva, y el factor humano que entra en juego en su trabajo fue determinante al momento de elegirlo. En una entrevista con La Galerie, el artista tocó muchísimos temas y dejó varias reflexiones profundas

Desde muy chico le apasiona el dibujo, y optó por una secundaria con orientación artística en el barrio de Flores, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí fue cuando entró en contacto con el universo del tattoo, a través de un compañero que tatuaba a todos los alumnos del colegio.

A la edad de 17, lo que fue una desgracia para Germán terminó transformándose en una oportunidad y, la imposibilidad de moverse, fue lo que determinó lo que sería su profesión.  “A los 17 me rompí la rodilla jugando al fútbol, quedé postrado muchísimo tiempo y empecé a dibujar como loco, analizar proporciones, anatomía, y lentamente fui dándome una idea mucho más completa de lo que era estudiar dibujo y pintura”, contó.

Poco tiempo después, su tío le regaló su primera máquina. Pache, quien ya contaba con una buena base artística tanto teórica como práctica, realizó algunos cursos de tatuaje, conversó con varios tatuadores y, con mucha cautela y responsabilidad, comenzó a dejar su huella en la piel de sus amigos. “En aquél momento lo tomaba como un hobbie. Me generaba alguna monedita pero yo no le daba importancia, no lo veía como un trabajo ni como una profesión”, confesó.

Con el tatuaje como un mero divertimento, Germán comenzó a trabajar como animador digital en una productora, y fue eso lo que marcó un punto de quiebre y lo llevó a volcarse de lleno al tattoo. En este sentido, contó: “Estuve 3 años animando hasta que me di cuenta que no quería estar en un cubículo encerrado todo el día. Habiendo teniendo la experiencia de tatuar, de estar en contacto con gente, de repente pasar a estar en una compu todo el día fue sintiéndose muy abstracto, muy frío. Y empecé a necesitar la charla, el vínculo, la piel. Ese golpe de las 2 actividades me hizo empezar a valorar el tatuaje y darme cuenta que ese era el camino que quería seguir”.

Por aquél entonces, ya se estaba dando un gran cambio en el trabajo y la cultura del tatuaje con respecto a los cursos y seminarios disponibles, la información a la que se podía acceder y los equipos. Según Pache, la inversión en maquinaria es un punto clave: “Cuando empecé a acceder a maquinaria profesional cambió todo. Yo había trabajado cerca de 5 años con lo que tenía disponible, dándome la cabeza contra la pared. Pero, cuando pude invertir, fue cuando me di cuenta que la tecnología del tatuaje había cambiado muchísimo; pude empezar a tratar la piel de otra manera, trabajar con más suavidad, tatuar superficies grandes en relativamente poco tiempo”.

Con una década de experiencia y en la búsqueda constante por encontrar un estilo propio, Germán destaca y pone en valor el factor humano que entra en juego al momento de tatuar. Según comentó, estar largas horas marcando la piel de sus clientes le permite conocerlos y, en oportunidades, “muchas personas se abren, cuentan cosas profundas y se genera un vínculo”. Ahondando en esa idea, reflexionó: “Hoy por hoy, con la inmediatez y el poco tiempo que todos tenemos, ni con un amigo o una pareja uno está 5, 6 o 7 horas consecutivas conversando, eso es algo raro.  Tatuando, hay personas que vienen varias sesiones, muchas horas, y en ocasiones uno parece hasta un psicólogo. Esas experiencias son muy fuertes, es muy loco. No sé en cuántos oficios uno tiene esa posibilidad”.

El trabajo de tatuador le ha permitido a Pache conocer personas de lugares y ambientes diversos, ampliando su perspectiva y sensibilizándolo. “La profesión rompió con mi círculo de amistades y contactos, que siempre es sesgado; el universo donde uno se mueve siempre es sesgado. Pero tatuando, al estar todo el tiempo conociendo gente con distintos pensamientos y personalidades, de diferentes clases sociales, rompés con todo tipo de prejuicios”, afirmó. Tras mencionar algunas anécdotas y situaciones que ha vivido con clientes, recordó una en particular: “Una historia que nunca voy a olvidar, que me quedó en la cabeza, fue la de un cliente, hace 7 años, que me contó que más o menos cada 2 meses hacía una movida de carancho tirando alguien debajo de un auto para hacer juicios y cobrar los seguros. El tipo contó que tiene un clan de caranchos alrededor, con quienes habla de técnicas, estrategias para los juicios, una cosa tan bizarra y decadente que me quedó grabada”.

En relación al desarrollo y la actualidad del tattoo a nivel global, Germán entiende que los viejos estilos, cerrados y fuertemente configurados, se están rompiendo, y muchos preceptos antiguos se están “deconstruyendo”. En este sentido, opinó que hay una nueva generación de tatuadores que están explotando el costado más artístico del oficio, ampliando las posibilidades.

Incluyéndose en esa nueva corriente, Pache se encuentra en la búsqueda de un estilo propio: “Tengo una lucha interna. La cabeza me dice una cosa pero la mano me pide otra. Me gusta mucho la nueva escuela y todos los tatuajes que tengo y voy a tener van a ser siempre del tipo newschool, pero siempre tuve más facilidad para hacer realismo y, el tipo de clientela que me busca, generalmente me elige por ese estilo”. En línea con lo dicho, y fomentando esa nueva tendencia, dejó una reflexión final: “Hay que salir de los lugares de confort y tratar de jugársela por darle forma a un estilo y una estética propia”.