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Pinceladas en la piel

Jeremías Sandes es un artista del tatuaje. En una extensa charla, dio detalles acerca del camino que ha recorrido y explicó cómo su experiencia de dibujante y pintor definió su trayectoria e impronta como tatuador

Pinceladas en la piel

Jeremías Sandes es un artista del tatuaje. En una extensa charla, dio detalles acerca del camino que ha recorrido y explicó cómo su experiencia de dibujante y pintor definió su trayectoria e impronta como tatuador

La vida de Jeremías Sandes se encuentra marcada por el arte. Desde los 6 años comenzó a tomar cursos de pintura y dibujo, en la secundaria optó por la orientación artística y su juventud estuvo signada por el ferviente deseo de dedicarse a ser dibujante de historietas cómicas.

Ese deseo fue el motor que lo llevó a la acción y marcó su camino. Al finalizar la secundaria ingresó al profesorado de Bellas Artes y, en paralelo, realizó un curso con Jorge Lucas y Ariel Olivetti, dibujantes de Marvel y DC, y creadores del famoso cómic argentino, El Cazador.

El recorrido transitado le permitió a Jeremías elaborar y presentar algunas ilustraciones para editoriales de historietas internacionales y, en ese contexto, mientras toda su energía y pasión estaba volcada en ese mundillo, comenzó a coquetear con el universo del tattoo. “Cuando empecé a tatuar mi cabeza estaba en el comic. Todavía no me encontraba en el tatuaje, no me veía trabajando ahí, me resultaba algo ajeno. Los efectos que yo hacía en las hojas con acrílico, óleo o lápiz, no podía hacerlos en la piel. Pero era todo cuestión de tiempo, y las cosas que no lograba era porque no me salían”, explicó.

Hace diez años Jeremías se encontraba inmerso en el mundo de las historietas cómicas y desconocía todo lo que el tatuaje tiene para dar. Con respecto a sus inicios, contó: “Arranqué a tatuar a modo de hobbie. Cuando empecé no conocía a ningún tatuador, no tenía ni idea de cómo arrancar y entonces iba a algunos estudios de tattoo y preguntaba. En ese momento comenzaban a masificarse las redes sociales, no había mucha información dando vuelta y yo me las iba ingeniando como podía. Como muchos, empecé tatuando sobre goma eva y frutas, y después empecé probando en la piel, con amigos. No sabía ni que se podía vivir de eso, yo venía de otro palo”.

Al momento de comenzar a tatuar, su estilo se encontraba marcado por sus orígenes como ilustrador. En este sentido, precisó: “Lo que hacía en el tatuaje cuando empecé estaba relacionado al cómic. De hecho me gustaba mucho el estilo newschool, que se acerca más a las caricaturas, a las cosas medio cartoon, con colores plenos, medio brillantes y mucha línea; arranqué por ese lado. Después fueron pasando los años, retomé un poco lo que era pintura al óleo que es algo que puede relacionarse al cómic, pero en realidad no es tan figurativo; es más suelto y sin líneas”.

 

Su consolidación como tatuador y la búsqueda de un estilo

 

Hace 8 años Jeremías decidió dedicarse de lleno al tatuaje y, desde entonces, la variación de sus trabajos en la piel respondió a distintas facetas que atravesó como artista de la pintura y el dibujo. “A medida que fueron pasando los años, yo fui cambiando mis temporadas en el arte y también mi trabajo como tatuador. Hoy por hoy mis tatuajes son más pictóricos, no tienen nada que ver con el cómic, pero pasé por esa etapa del tattoo durante mis primeros 3 años, con líneas prolijas, bien depuradas y colores saturados. Luego incursioné un poco en el tradi, tuve un paso por el black & grey y ahí me empecé a acercar al realismo. Después volví de nuevo al color, pero ya más pictórico”, detalló.

Como si respondiera a una esencia que lleva consigo, lo que hoy Jeremías plasma en los cuerpos va en línea con una tendencia que tiene desde joven: un estilo pictórico, suelto y marcado por temáticas surrealistas. Según contó, cuando pintaba y estudiaba en Bellas Artes, sus trabajos solían encaminarse hacia esa dirección. “Tomaba una imagen realista, una foto, un objeto, lo que sea, y lo iba deformando, cambiando cosas, colores, o fusionaba dos imágenes. En el tatuaje suelen llamarlo estilo libre, en el arte pictórico es surrealismo y, para mí, tiene que ver con deformar la realidad, creando algo fantástico, o de terror, con locura, algo que no se ve en una foto”, explicó.

Desde chico estudió dibujo y pintura. Durante su camino, implementó técnicas con diversos materiales como carbonilla, acuarela, grafito y, el amplio bagaje con el que cuenta, permite asegurar que Jeremías es un artista del tatuaje. “Al arte le dedico toda mi vida, no tengo otras responsabilidades más que mi trabajo y seguir creciendo en esto que es lo que a mi me gusta. Podré no estar tatuando, pero siempre estoy leyendo algo sobre arte, mirando un libro o un tutorial online”, afirmó de manera pasional con gran convicción.

Por su recorrido, Jeremías encara cada trabajo de una manera especial. Admite que su visión, por momentos, es excesivamente analítica y “enroscada”, cuestión que puede jugarle en contra. “A veces cargo mucho las imágenes, lleno con demasiada información porque vuelo mucho cuando diseño, empiezo a meter y meter, y después encuentro que eso no puedo compactarlo en un tatuaje. El tattoo tiene la particularidad de que no se está trabajando sobre una tela o una hoja, sino sobre un espacio reducido que es la piel y que encima no es plana y pareja”, confesó, y agregó: “En este momento estoy detectando esas cosas, tratando de corregirlas y cambiarlas para que, a futuro, en mis próximos tatuajes se pueda leer mejor la información, haya más aire y se distingan más los elementos.”

 

Sus influencias y motivaciones como tatuador

 

Autocrítico, suele revisar sus trabajos constantemente y se esfuerza por perfeccionarse día a día. Habiéndose hallado dentro del estilo surrealista, Jeremías remarcó que, además de estar trabajando para mejorar la visibilidad y armonía de los distintos elementos en sus tatuajes, también busca pulir sus “pinceladas”, orientando su estilo a las influencias de estéticas europeas.

En esa línea, explicó: “Me gustan los estilos que se manejan en Rusia, Polonia, Alemania, Europa Oriental. Vienen de esa academia del arte plástico pictórico que siempre me gustó, y ahora me atrae ese tipo de tattoo. Un estilo que asemeja pinceladas, donde se utilizan colores más amargos, más opacos y se pueden apreciar e identificar por separado; se utilizan amarillos apagados, ocres, marrones, mucho negro y entonces tienen una carga más oscura. En cambio la escuela norteamericana utiliza colores más brillantes, se busca generar un efecto más explosivo, extravagante y las formas son más redondeadas y definidas.”

A Jeremías le gusta realizar tatuajes que busquen enviar un mensaje, o que tengan un concepto detrás. Según expresó, “el mundo va a mil, muy rápido, y nadie está muy interesado a discernir o reflexionar sobre una idea ya sea en un libro, una pintura, un dibujo, una película. Es difícil luchar contra eso y en el tatuaje pasa lo mismo. Se apunta a impactar y deslumbrar, todo pasa por lo estético.”

A pesar de la trivialización de la sociedad, destaca y valora el hecho de que, a partir del tattoo, “mucha gente que no tenía ni una remota idea de arte, nunca se hubiera fijado en lo que le gusta, nunca había tenido relación con lo estético, de golpe se empezó a acercar a esas cosas.” En este sentido, desarrolló: “A partir del tatuaje el común de la gente comenzó a interesarse más por el arte. Empezó a navegar en internet, ver imágenes, analizar estilos. Creo que ese es el aporte más valioso del tatuaje, funcionar como una especie de puente entre una persona que nunca se fijó en lo que quería expresar en su cuerpo y que, de golpe, tiene que sentarse y decidir qué le gusta, qué no le gusta y tener que elegir.”

Agradecido por las oportunidades que el universo del tatttoo le ha dado, Jeremías pone en valor la masificación de la cultura del tatuaje y la gran calidad de los artistas locales. Desde su lugar, continuará estudiando lo que le apasiona y trabajando para mejorar las “pinceladas” que imprime en los cuerpos que día a día pasan por su estudio.